Recuerdo que una vez me dijeron: "nunca, nunca jamás, le dediques una canción a alguien". Yo, en ese momento, pregunté porqué, pero me contestaron "en un futuro, lo entenderás".
Ahora lo entiendo. Dedicarle una canción a una persona es lo peor que podemos hacer. El porqué es sencillo, y creo que todos lo sabemos. Esa canción dedicada, ya no será una canción cualquiera, será "nuestra canción". Cuando la compartes con esa persona, es genial. Pero cuando pasa el tiempo, y escuchas esa canción, no es tan genial como antes. De repente, te invaden miles de recuerdos, miles de momentos que has pasado con esa persona. Sus palabras, sus gestos, vuestras risas, vuestras miradas de complicidad.. Y así, te invade la nostalgia. Y, ¿sabéis? A mí no me gusta ponerme nostálgica. No me gusta echar de menos. A veces me gusta transportarme a esos momentos, porque fueron especiales. Pero al fin y al cabo, es pasado, y el pasado debe quedar encerrado en un cajón.
Así que no más. Juro que será la última vez que dedique una canción a alguien. Nunca más. Lo prometo.
"Ese momento de la madrugada cuando ya se ha bebido todo el vino del mundo y no queda en el alma más que el terco deseo de dormir abrazado a un cuerpo conocido.
Nada hay en las calles que llene el corazón; lo sabes y no obstante un día y otro vuelves a ellas respondiendo a la voz de una oscura llamada, buscando acaso sólo renovar el calor del regreso a la casa y a la mujer que espera.
Pero no. Que mañana lo que nunca encontraste puede estar aguardando por ti en cualquier esquina."
Tengo el mapa del tesoro de la isla de tu cuerpo, y juro por Dios que sueño de noche con navegar el mar de sábanas blancas, que rompe contra tu puerto y a la orilla de tu boca varar...
Soy la rosa de los vientos que despeina en tu melena tú la marea llena que inunda mi baja mar, Un arrecife en la noche, donde encallar yo quisiera Ya no soporto esta espera...
Que tengo de tiempo ausente cuentas de besos pendientes que ajustarte en tu ventana, y puede ser que mañana tenga que hacerme el valiente y decir por si ocurriese contigo, contigo me caso Indiana...
Tengo el mapa del tesoro que esconde tu geografía, maldita suerte la mía que no te pueda tener, se desmemoria el paisaje ,que no pisé todavía, sé que no me perdería en tu piel...
Tres caricias hacia el este la magia de tu cintura al norte un beso y a oscuras me pierdo y vuelvo a empezar. En el poniente dos soles, le dan relevo a la luna, y al sur bendita locura*...
Que tengo de tiempo ausente cuentas de besos pendientes que ajustarte en tu ventana, y puede ser que mañana tenga que hacerme el valiente y decir por si ocurriese contigo, contigo me caso Indiana...
Ven p'acá bella mulata a tomar el café sabroso hervío ya en la cafetera con agua fresca del pozo.
Un año más, un Carnaval más llega. Llega el tiempo en el que el mundo se calla, y habla Cádiz. Llega mi fiesta. Llegan las nuevas coplas, los sentimientos a flor de piel, los nervios, los vellos de punta, la emoción, las coplas que te duermen, te dan vida, te hacen reír, llorar. Llegan los dos coloretes, las sonrisas, las gargantas reventadas de cantar. Llega la reivindicación, la revolución, la hora de recordar que el pueblo es quien manda. Llega las peleas por las entradas, el mandar al carajo al Patronato y su sistema de ventas. Llega el tiempo de ver ese telón colorao con los nervios en el cuerpo, deseando ver que nos depara detrás. Llega el tiempo de escuchar a nuestro Manzorro y a su "Su tipo Mari Pepa". Llega el tiempo de repetir estribillos que no se salen de tu cabeza, de no dormir, de acostarte con la radio debajo de la almohada. Llega el 3x4, el pun catapún chimpún, el paprara, el "pito otra vez", el "tipo tipo", el "Qué bonito está mi Cádiz, que bonita es mi ciudad...", el tatatachín, el "ole ole mi Cái y lo digo a boca llena, y el que no diga ole que se le seque la hierbabuena", llega el gallinero caldeao, el "amoaescuchá".
Llega el tiempo de abrir nuestros corazones, nuestros oídos y dejarnos llevar por esta magia. Llega el tiempo de este veneno loco que se mete en cada rincón de nuestro cuerpo, veneno que nos hace vibrar. Llega el tiempo de la magia. Llega el tiempo de la locura. ¡Bendita locura!