21 de noviembre de 2012

Me ganaste.


Me ganaste.
Poco a poco,
sin pensarlo,
sin darnos cuenta.
Llegaste,
y me desordenaste
por completo.

Tuve tus manos,
tu piel, tu voz,
tus labios.
Te tuve a ti.
Me entregué a ti
sin poder evitarlo.
Me sentía bien entre tus brazos,
sabía que era un lugar seguro.

Recuerdo
el ruido que provocaban
nuestros labios al chocar,
esas risas entre dientes,
entre beso y beso,
y esas miradas intensas
que me ganaban poco a poco.

Fuiste el mejor de mis fracasos,
mi derrota favorita,
la mayor y única batalla
que me ha gustado perder.
Tus labios, tu piel,
tu sonrisa,
tus ojos oscuros
me atrapan y seducen.
Y así me encierro en esta espiral
de atracción fatal, de caos.

Y aún, con tan sólo una sonrisa,
vuelves a seducirme,
a hacer que quiera
volver a sentirme tuya,
a querer estar
entre tus brazos.

Me ganaste.
Poco a poco,
sin pensarlo,
sin darnos cuenta.

Eres la mayor y única batalla
que me ha gustado perder.

30 de octubre de 2012

Lluvia.

Abrir la ventana, contemplar la lluvia,
sentir el frío recorrer mi cuerpo, piel de gallina, vellos de punta. Respirar hondo. Sentir como me limpio 
por dentro, como mi mente se despeja y como me siento totalmente nueva. Me encanta empezar así los días de lluvia.

¡Buenos días princesa! 

25 de agosto de 2012

Un alma de papel.

Petrificarme por lo que haya de venir,
dar sin pedir, 
reír, llorar, reír.

Dulcificarme por lo que pueda ser,
a evaporarse aprender.

A saltar lo cerrojos
que encarcelan el alma.

No acudir a citas en las que el corazón
tenga que golpetear desganado.



~ Un alma de papel es lo que necesito.



14 de agosto de 2012

Maldita dulzura la tuya.

No quieres hablar del tiempo,
aunque esté de nuestro lado...
Y hablas para no oírme,
y bebes para no verme,
y yo callo y río y bebo,
no doy tregua, ni consuelo..
No es por maldad, lo juro,
es que me divierte el juego.

Maldita dulzura la tuya.
Maldita dulzura la mía.
Maldita dulzura la nuestra.

9 de agosto de 2012

A Chavela Vargas.

"Andaba dibujando en un cuadernito, una costumbre que recién adquirí, cuando vi por la televisión, encendida sin sonido, la imagen de Chavela. Di voz al aparato. Se nos fue, escuché. Y me cogió un llanto irreparable. Lo que nunca me había sucedido. Siempre me culpé por no ser capaz de llorar con la muerte de mis padres, pero esta vez me venció el desconsuelo. Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.

Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol. Dijo: Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo. Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo. Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.

Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. La admiro desde niño, le dije. Yo también le admiro mucho a usted, contestó. Ante la mentira, exclamé. Vete a la mierda. Nos fundimos en un largo abrazo que nunca aflojamos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.

Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte de Roberto Goyeneche. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender. En estos momentos de pérdida me digo, como en la canción: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela! Y recuerdo estas palabras de Almodóvar: Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella."

Joaquín Sabina a Chavela Vargas.

29 de julio de 2012

Te recuerdo.

Tu recuerdo sigue llamando a mi puerta a veces.
Yo me hago la dura, sonrío, y cierro la puerta.
Pero siempre mete el pie a tiempo para no dejarme cerrar del todo.

¿Alguna vez conseguiré cerrar la puerta a tiempo?

22 de julio de 2012

Arcos es mi rincón del sur.


         No hay nada mejor que perderme entre los callejones del Casco Antiguo de mi pueblo. Me encanta su olor, sus calles estrechas, su precioso color blanco, su gente, su alegría, sus coplas, su Santa María, su San Pedro, su arte, su Balcón, su gracia, su sal, su son, su tatachán acompañado del 3 x 4, su belleza, su luz, su pureza, su peña, su luna, sus flores y macetas que cuelgan de la pared, su embrujo, su encanto, su acento, su color... Adoro mi pueblo. Arcos de la Frontera.